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ADN Puma – Periodismo Rugby

ADN Puma – Periodismo Rugby

ADN Puma. Gloria, caída y renacimiento de Los Pumas en la era profesional es el título del nuevo libro de Jorge Búsico que se consigue en todas las librerias desde hoy.

Búsico reconstruye el camino del seleccionado en este siglo con rigor y lucidez. En estas páginas están los nombres propios ( Pichot, Creevy, Matera, Contepomi entre otros) y el relato de las tensiones internas y las disputas de poder.

El maestro Búsico ha tenido la deferencia de compartir con nosotros un fragmento del capítulo 1, que pueden leer en este post. Una introducción que invita a la lectura urgente de un libro necesario para el rugby argentino.

 

Fabricio Ballarini, doctor en Ciencias Biológicas e investigador del Conicet, suele recurrir a un ejemplo, trágico, de impacto mundial, para explicar cómo funciona nuestro cerebro. Propone tomar una hoja y dividirla en dos columnas: en una, anotar lo que recordamos del 11 de septiembre del año pasado; en la otra, lo que recordamos del 11 de septiembre del 2001. El resultado, señala, es revelador: de la primera fecha apenas evocamos algo, mientras que de la segunda podemos reconstruir cada detalle –dónde estábamos, qué hacíamos, a quién llamamos— al ver cómo dos aviones se estrellaban contra las Torres Gemelas de Nueva York.

Todos los argentinos recordamos dónde estábamos y qué hacíamos aquel mediodía del miércoles 25 de noviembre de 2020, cuando nos llegó la noticia de la muerte de Diego Armando Maradona. Por ejemplo, yo estaba solo en casa –todavía en pleno home-office impuesto por la pandemia— y, mientras cocinaba, encendí el televisor. Desde la cocina escuché la voz compungida de un cronista por la señal TyC Sports; me acerqué, me senté en el sillón y, al escuchar la confirmación, quedé atónito, angustiado, a la espera de que no fuese cierto. Lo único que atiné a hacer fue buscar la compañía de mis amigos en el grupo de Whatsapp. No lo podíamos creer.

Cuando se conoció la muerte de Maradona, en Australia eran las 3 de la mañana del jueves. Los integrantes de la delegación de los Pumas dormían en sus habitaciones del Crowne Plaza Sydney Darling Harbour. Cuando se despertaron a las 8 de la mañana y encendieron sus teléfonos móviles, los despabiló la noticia. A esa hora, toda Argentina estaba de duelo. Las imágenes del dolor popular por la pérdida de su ídolo más icónico y más querido ocupaban las tapas de todos los diarios y portales del mundo. A 11.850 kilómetros de distancia y con 14 horas de diferencia, la comitiva Puma también sintió el impacto de semejante e inesperado golpe.

El jueves por la mañana estaba prevista la última sesión de video antes del partido. En apenas 48 horas, en Newport, el seleccionado argentino tendría la revancha ante los All Blacks. Con una nueva victoria podría consagrarse campeón del Rugby Championship. La ilusión y la concentración atravesaban al plantel.

Tras el desayuno, los jugadores se dirigieron al primer piso del hotel para analizar los videos y escuchar los últimos ajustes a cargo de Mario Ledesma. Antes, miembros del staff habían preparado un material especial: imágenes de los momentos más memorables de Diego Maradona y un clip de fuerte carga emotiva para homenajear al ídolo que acaba de partir. Hablaron Ledesma y otros jugadores, quienes compartieron lo que Maradona había significado para ellos y para los deportistas argentinos.

Concluida esa ceremonia, breve e íntima, el grupo volvió a enfocarse en el partido. Hubo una sensación unánime de que el homenaje ya estaba cumplido. Nadie alcanzó a dimensionar lo que en esos momentos provocaba la muerte de Maradona en Argentina y en el mundo.

Tiempo después, en una de las entrevistas que le realicé para este libro, le pregunté a Agustín Pichot si había intervenido de algún modo en la posición de la delegación argentina ante la muerte de Maradona, con quien él, además, mantenía un vínculo cercano. Pichot me contó que cuando Diego murió él estaba en plena selva amazónica, ocupado en negocios de Fortescue, la empresa australiana de energías verdes a la que representa en Argentina. “Me llamó por teléfono Marcelo (Rodríguez, presidente de la UAR)”, me recordó, “para preguntarme qué pensaba que había que hacer y le aconsejé que era un tema que debía resolver el equipo”.

Maradona tenía, como con el resto de los deportistas argentinos, una cercana relación con los Pumas. Además de aquel test con los All Blacks que presenció en el estadio de River en 2001, con la mayoría de estos Pumas había compartido el vestuario en el Mundial de 2015, luego del triunfo ante Tonga, en Leicester. Diego fue el más hincha de los deportistas argentinos.

Por otro lado, los Pumas ya habían rendido homenajes en otras ocasiones. En noviembre de 2017, en Dublín, antes de enfrentar a Irlanda y a instancias –y con el visto bueno de la UAR— del capitán de ese entonces, Agustín Creevy, el equipo lució una camiseta argentina con el número 44 en memoria de los cuarenta y cuatro tripulantes del submarino ARA San Juan, desaparecido en aguas del Atlántico. Dos años antes, en 2015, Pichot intercedió para que en Londres, frente a los Barbarians, los jugadores salieran al campo con una camiseta negra y el número 11, recordando al exwing de los All Blacks, Jonah Lomu, fallecido pocos días antes.

“Los Pumas tuvieron la oportunidad histórica de ganarse para siempre el cariño de los argentinos si después de haberle ganado a los All Blacks le hacíamos el homenaje que se merecía Diego”, reconoció Martín Mackey, quien le quitó responsabilidad a los jugadores. “Fue algo que debió ser institucional”, completó. Mackey, quien, como la mayoría en esa delegación, eran profundos admiradores de Maradona. Otros, en cambio, no lo eran tanto.

El partido ante los All Blacks fue el primero que iba a jugar un seleccionado argentino tras la muerte del ídolo. Nadie reparó en ese detalle esencial. Nueva Zelanda, —un país con escaso apego al fútbol—, en cambio sí preparó en silencio un tributo al ícono argentino.

En el sorteo previo al test, que suele realizarse en un sector entre los dos vestuarios, el capitán de los All Blacks, Sam Cane, le anticipó a Matera que, antes del kick-off, le harían un homenaje a Maradona. “Me tomó de sorpresa y en ese momento no pude pensar en nada; mi cabeza sólo estaba enfocada en el partido”, recordaría luego el capitán argentino. Al volver a su vestuario compartió con sus compañeros y el staff lo que le había comunicado Cane.

A minutos del comienzo del partido, ya no había posibilidad de armar un homenaje. Los jugadores estaban concentrados exclusivamente en la batalla que los esperaba y la única orden que bajó fue que los jugadores y los integrantes del staff dentro de la cancha lucieran un brazalete negro, confeccionado a las apuradas y con cinta adhesiva: invisible y de ínfima duración en el fragor del encuentro.

Tras los himnos, cuando los equipos se dispusieron para el haka, Sam Cane dio unos pasos al frente mirando fijo a sus rivales. Frente a ellos, formados en línea y unidos en un mismo abrazo para recibir la danza, el capitán neozelandés sacó de su mano derecha una camiseta negra cuidadosamente enrollada y la dejó caer sobre el césped. Era una camiseta de los All Blacks con un número y una leyenda escrita en blanco: “10. Maradona”. En la cultura maorí, colocar un objeto sagrado en la tierra es un ritual que significa entregarlo a la memoria colectiva y a la eternidad. El gesto inmortalizó a los All Blacks y sepultó a los Pumas.

Los All Blacks ya habían mostrado su compromiso con partes de la realidad argentina. En su visita al país en 2018, varios de sus integrantes visitaron la cárcel de la Unidad 41 San Martín, donde se gestó en 2009 el equipo de presos llamado los Espartanos. Ese proyecto, liderado por el abogado penalista Eduardo “Coco” Oderigo, se replicó luego por todo el país y fronteras afuera. Los neozelandeses ingresaron a las celdas, recorrieron los pabellones y observaron asombrados las pintadas y los escudos de distintos clubes de rugby, así también como la cancha de césped sintético. Luego, compartieron movimientos de rugby junto a los jugadores de los Espartanos.

Al año siguiente, en una nueva visita para jugar el Rugby Championship, los ABs se trasladaron hasta el Museo de la Memoria, ex Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA), con el fin de interiorizarse acerca del lugar donde funcionó el centro clandestino de detención, tortura y exterminio durante la dictadora que azotó a Argentina entre 1976 y 1983. El rugby es el deporte con más víctimas durante el terrorismo de Estado. Un arduo y paciente trabajo que llevó a cabo durante años la militante sanjuanina Carola Ochoa identificó a 178 jugadores de clubes de todo el país. Luego de reiterados reclamos de los organismos de derechos humanos, el 24 de marzo de 2021, durante la presidencia de Marcelo Rodriguez, la UAR colocó en una de las paredes del ingreso a su sede una placa conmemorativa que lleva la inscripción: “La UAR rinde homenaje a los jugadores de rugby víctimas del terrorismo de Estado. Memoria, verdad y justicia”.

Pero volvamos a aquel partido de 2020 en Newcastle. Tras el homenaje a Maradona, los All Blacks ensayaron su tradicional haka en la versión “Kapa o Pango”. La sensación era que los Pumas ya estaban derrotados desde antes de jugar. Nicolás Fernández Miranda entró corriendo a la cancha y, sin más, se llevó la camiseta. Fue otra foto que se sumó a una noche del sábado 28 de noviembre de 2020 que se iba a transformar en un día aciago para el seleccionado argentino de rugby. Todo lo opuesto a lo que había vivido dos semanas antes.

Cuando la acción llevaba apenas unos minutos en el McDonald Stadium, desde las redes sociales se empezaron a disparar duras críticas hacia los Pumas. Ya no importaba cuál iba a ser el resultado del partido. El hecho de no homenajear a Maradona –agudizado porque sí lo habían hecho los All Blacks— indignó al público que miraba el encuentro en la madrugada argentina.

Si los All Blacks empezaron a ganar en el aspecto psicológico antes del kick-off, luego, en el juego, fueron apabullantes. Jugaron con ansias de revancha por la derrota en Parramatta. La resistencia argentina duró un tiempo (0-10). En el segundo, una vez que volvieron a quebrar el in-goal, los neozelandeses se florearon y pasaron por encima a un rival que nunca tuvo siquiera chances de marcar puntos. Fue una tremenda goleada: 38-0. Una paliza desde todo punto de vista.

Después del encuentro, los Pumas regresaron en micro a su hotel en Sydney y cada uno se fue a su habitación para descansar. Había una sensación general de abatimiento. Cuando el domingo se despertaron, sus teléfonos móviles ardían. En quince días habían pasado de héroes a traidores. Todos los males volvieron a caer sobre el rugby: arrogancia, poca conciencia popular y todo lo peor que se le podía achacar. Más aún: había expresiones de festejo por el triunfo de los All Blacks. Los medios de comunicación convocaron a opinadores de todo tenor para “analizar” las conductas de los “rugbiers”.

Ese mismo domingo 29 por la noche, Aníbal Fernández, uno de los ministros del gobierno de Alberto Fernández, posteó en la red social X (en ese momento Twitter) una foto de los botines de Maradona (marca Puma) con este texto: “Los únicos pumas que hicieron feliz a la Argentina”. La cuestión había escalado al barro político.

Sugestivamente, al otro día, el lunes 30, aparecieron publicados una serie de antiguos tuits de Pablo Matera, Guido Petti y Santiago Socino con contenido xenófobo y homofóbico. Los posteos discriminatorios databan de 2012, cuando los jugadores tenían 18 años. El contenido era vergonzoso: “SUDÁFRICA BABY! Por fin me voy de este país lleno de negros… OCH!!”. “Mi empleada es un primate fuera de joda”. Y así muchos otros con similar tono.

Pichot y el secretario de la UAR de ese entonces, Fernando Rizzi, no tienen certezas pero tampoco dudas de que se trató de una operación política armada desde el corazón del gobierno. Para ellos, la pista es el tuit de unas horas antes de Aníbal Fernández. Consulté a Fernández al respecto y no sólo negó cualquier acción del gobierno en la difusión de esos tweets, sino que me dijo: “Yo tengo muy buena relación con Pichot y ayudé a la UAR cuando tuvo el problema de que no dejaban jugar a los que estaban becados. Además, me gusta ver los partidos de los Pumas, de hecho los últimos me los vi todos. Ahora sí, que no hayan homenajeado a Diego, que incluso los fue a ver varias veces, no me gustó un carajo. Pero todo terminó ahí”.

Si el no homenaje a Maradona tuvo un impacto negativo desde lo popular, la aparición de esos viejos tuits abrió sobre la UAR un frente de tormenta en todas las direcciones: políticas, culturales, económicas y hasta internacionales. Los jugadores debieron cerrar todas sus cuentas en las redes sociales, tuvieron que dar explicaciones en sus clubes europeos, en los cuales había jugadores negros, y sufrieron amenazas al igual que sus familias. A la UAR, en tanto, llovieron pedidos de disculpas y explicaciones de organizaciones como el INADI y las Uniones y embajadas de otros países. Pablo Matera, uno de los involucrados, era nada menos que el capitán del seleccionado. También los patrocinadores mostraron su repudio. Renault, por ejemplo, al otro día mandó a retirar todos los autos y camionetas que la UAR utilizaba como parte del contrato con la automotriz. La firma francesa rompió ese vínculo comercial y otras empresas amenazaron con hacer lo mismo.

Acorralada por la presión social, política, comercial e institucional, la UAR tomó una rápida medida: suspendió por tiempo indeterminado a Matera, Petti y Socino. A esa altura, la delegación Puma en Australia, aún más complicada por la distancia y la diferencia horaria, vivía las horas más duras y tristes que se recuerden en la historia del seleccionado. Ya nadie podía pensar en el juego ni en el partido que faltaba con los Wallabies.

Cuando se conoció la medida de la UAR, los jugadores sintieron que la dirigencia les había soltado la mano y los había dejado expuestos. Ya tenían ese sentimiento después del no homenaje a Maradona. En una de las tantas reuniones que tuvieron entre ellos barajaron la posibilidad de no presentarse a jugar ante los Wallabies en solidaridad con sus compañeros y amigos. Fueron horas tensas, de idas y vueltas, de quiebres, enojos y llantos.

La posición de no presentarse a jugar el último test del torneo estuvo firme durante horas –varios jugadores, grandes amigos de Matera, estaban entre destrozados y enojados por verlo al capitán llorar sin consuelo— pero al final primó la postura que sostenía que, si el equipo no jugaba, Argentina podía ser excluida del Rugby Championship en un momento en el cual todavía no estaba claro el futuro en la Sanzaar.

Los jugadores optaron por lo que hicieron otros tantos Pumas a lo largo de su historia: unirse, cerrar el círculo, afrontar la adversidad y dejar todo en la cancha para cerrar la gira y el torneo con el honor lo más alto posible. Ante la ausencia de Matera, la capitanía quedó en manos del rosarino Jerónimo De la Fuente, quien había tenido esa función el año anterior en Jaguares. Por otro lado, diseñaron el tardío homenaje a Maradona: en la manga derecha de la camiseta azul alternativa cada jugador lució un parche blanco, visible, con el número 10.

El sábado 5 de diciembre, otra vez en el Bankwest de Parramatta, los Pumas dieron una muestra de carácter y entereza deportiva. Pese a la durísima semana que habían atravesado, en la cancha jugaron de igual a igual contra los Wallabies, le anotaron un gran try concretado por Bautista Delguy y bajo una lluvia incesante empataron contra el local en 16 tantos.

Cuando el australiano Angus Gardner –figurita repetida en el último año; también fue el árbitro que perjudicó a los Pumas con varios fallos en el crucial test con Francia en el Mundial de Japón— dio por finalizado el partido, los jugadores de los Pumas se unieron en un gran abrazo. Todos, con Matera (llorando), Petti y Socino. Luego de esa ceremonia se fueron a festejar con los hinchas argentinos que en buen número los habían acompañado nuevamente.

Los Pumas habían concluido una gira inolvidable e histórica. Estuvieron más de tres meses fuera de sus casas y sin ver a ningún afecto cercano. El hooker tucumano José Luis González, por ejemplo, volvió a su casa luego de siete meses. Afrontaron todo tipo de adversidades. Y en lo deportivo, quedaron segundos en el torneo (mejor ubicación), le ganaron por primera vez a los All Blacks y empataron los dos partidos con los Wallabies. La mejor gira en resultados hasta entonces. Sin embargo, quedó un sabor amargo por todo lo que la rodeó. “Es increíble, pero sentimos vergüenza cuando volvimos”, resumió luego Ledesma. “No sabíamos cómo nos iban a recibir, incluso se barajó la idea de que nos hicieran salir por otra puerta”, me contó Cubelli.

Luego de una comisión que sesionó durante un mes, la UAR dispuso una serie de cursos y probation para Matera, Petti y Socino, quienes debían cumplirlos para volver a ser citados al seleccionado. Matera nunca recuperó la capitanía, pero sí fue el subcapitán y nunca dejó de ser el líder del equipo. En mayo de 2021, también vía zoom, Ledesma anunció a Julián Montoya como el nuevo capitán. El hooker, durante años suplente de Creevy, comandó luego la parte más exitosa en la historia del seleccionado.

Ese 2021 fue durísimo para los Pumas y para Ledesma. La pandemia obligó a jugar otra vez todo el año fuera del país: en junio, en Europa, hubo triunfos ante Rumania y Gales y un empate contra los galeses. Pero luego se sucedieron nueve derrotas consecutivas. La última, 53-7 con Irlanda, en Dublín.

El 9 de febrero de 2022, cercado por los malos resultados, la tirantez con los jugadores y también por el fuego amigo, Ledesma renunció como entrenador de los Pumas. Su áspero carácter y, sobre todo, sus modos, opacaron el muy buen trabajo profesional que desarrolló en esos años en la UAR. Ledesma reforzó la estructura, logró grandes triunfos (al de los All Blacks se sumaron los conseguidos en 2018 ante Sudáfrica en Mendoza y frente a Australia en Gold Coast) y amplió la base de los jugadores, pero se quedó en la mitad del camino al Mundial de 2023. No pudo llegar a la otra orilla. Su lugar lo pasó a ocupar el australiano Michael Cheika. Empezaba otra etapa, todavía de más brillo.

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